Hoy Te Alejas
Ladri di biciclette
Me pregunto con devota insistencia las razones de tu partida. Te deje en la columna con la silenciosa promesa de que tan solo serían quince minutos, lo que toma un entretiempo de futbol, un café en horario de trabajo, lo que tardan unos fideos secos en cocinarse. Una ausencia efímera, de la cual solo te darías cuenta porque una correa y un candado te retenían. No por desconfianza contigo, sino hacia los amores fugaces de miradas ajenas, que a pesar de ti, de tus años, de tus kilómetros, de tus parches, aún te devoraban con sus ojos.
Quiero culparme, quiero atribuirme las negligencias que te alejaron de mí, de no hacerlo mi corazón se desangraría de broncas. Llegamos rápido a esa nefasta esquina de Oroño y San Lorenzo, razón que atribuí a lo feliz que te hacia deambular por un boulevard de frondosas arboledas, escultóricos bancos, mansiones señoriales. Tu excitación debiera durar, supuse cuando presione tus frenos dándote la señal de llegada. Un respiro necesario, esa pausa para que el paisaje se fije a la memoria de tus rayos, como ya habíamos hecho con tantos otros recuerdos en viajes compartidos.
Pero ese lapso de fideos secos me vacio de tu existencia, me exhibió lo perverso del amor mediado por lingas, la eternidad de lo efímero, la morbosa presencia de tu falta, la ablación sin anestesias. Ahora en mi bolsillo, inútiles cuelgan unas llaves, pues unas herramientas maquinaron sustracciones urgentes en manos de otros, que llamamos terceros, que gritamos ladrones. Aquellos que no saben de aventuras, que no ven en ella visas a infinitos destinos, sino divisas para escasos consumos.
En el vacio de estos días, aún no se de que valen mis piernas sino te tengo a mi lado, de qué sirven mis pies sin tus pedales, de que vale cerrar los puños si no es para cubrir de piel tu manubrio. Espero que con el tiempo pueda redefinir mi cuerpo, resignificar tu ausencia.
Puteo suave, evocándote: Rayos!
Un amigo me mando esta poesía de Neruda, que te la dedico:
Oda a la bicicleta
Iba por el camino crepitante: el sol se desgranaba como maíz ardiendo y era la tierra calurosa un infinito círculo con cielo arriba azul, deshabitado.
Pasaron junto a mí las bicicletas, los únicos insectos de aquel minuto seco del verano, sigilosas, veloces, transparentes: me parecieron sólo movimientos del aire.
Obreros y muchachas a las fábricas iban entregando los ojos al verano, las cabezas al cielo, sentados en los élitros de las vertiginosas bicicletas que silbaban cruzando puentes, rosales, zarza y mediodía
Pensé en la tarde cuando los muchachos se laven, canten, coman, levanten una copa de vino en honor del amor y de la vida, y a la puerta esperando la bicicleta inmóvil porque sólo de movimiento fue su alma y allí caída no es insecto transparente que recorre el verano, sino esqueleto frío que sólo recupera un cuerpo errante con la urgencia y la luz, es decir, con la resurrección de cada día.
(Pablo Neruda, 1956, Tercer libro de las odas)
!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->
Luli dijo
Se de que estas hablando... ¡Cuanto lo siento, parce!
Aunque esta sea irremplazable, ya llegará otra en su momento.
29 Septiembre 2009 | 08:16 PM